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domingo, 22 de junio de 2014

El peluquero de la Virgen

Entrar al piso de José Fernando Espinosa Celdrán es trasladarse en el tiempo, adentrarse en un Sancta Santorum donde conviven cuadros de todos los estilos (pintores franceses, Molina Sánchez, Párraga…) con imágenes religiosas de todos los tiempos y recuerdos de sus innumerables viajes. Es entrar al espacio íntimo y personal de un hombre cultísimo que conjuga su devoción con su labor artística.
Tengo la suerte de ser prima de José Fernando y por tanto de haberlo tratado desde pequeña, cuando despertó su vocación por la peluquería peinándonos y cortándonos el pelo a las primas. Quién nos iba a decir entonces que sus manos expertas serían las encargadas de cuidar las pelucas de la Virgen de la Fuensanta, el Cristo del Rescate, Nuestro Padre Jesús Nazareno y otras muchas figuras de la imaginería murciana.

Esta tarde he ido a visitarlo a su estudio, donde tiene todas las pelucas, nos damos un abrazo, y me habla de la Fuensanta con una devoción y amor, que solo pudo transmitir mi querida abuela Rosa Medina, nuestro abuelo también fue un artista en la Murcia del S XX, y eso es algo que se lleva en la sangre.
Me cuenta que la Virgen de la Fuensanta es una Virgen reutilizada, que fue la Virgen de las Fiebres, una talla gótica completa y que para hacerla de vestir, le hacen las manos y la encarnación nueva, y que se supone que esa remodelación la hizo Antoine Duparc, escultor francés afincado en Murcia en los siglos XVII-XVIII, predecesor de Salzillo y autor del camarín de la Virgen quemado en la Guerra Civil.
En 2005 José Fernando fue nombrado peluquero de la Virgen por Doña Pilar de la Cierva Kirkpatrick, (camarera de la Virgen) quien le entregó la peluca más antigua de la Virgen, probablemente la peluca que llevo la Virgen en su coronación.
Actualmente, José Fernando trabaja en una nueva peluca, formada por 365 tirabuzones, reutilizando el pelo natural de las pelucas antiguas, ya inservibles.

martes, 22 de abril de 2014

EL OTRO BANDO

Hace 163 años que se celebra el Bando de la Huerta. Lo que empezó como una burla de las costumbres y vestimenta de los huertanos se ha convertido en la única ocasión de exaltación y memoria para los orígenes de nuestra ciudad. Sin embargo, en el pecado llevamos nuestra penitencia, hace ya años que las autoridades han renunciado a impedir que el Bando sea lo que es para la inmensa mayoría de la gente: un macrobotellón descontrolado y nauseabundo. La cultura del botellón, de la cual son corresponsables los empresarios del ocio, con sus garrafones y sus precios, encuentra su máxima expresión en estas fiestas populares, haciendo que el Bando de la Huerta sea un espectáculo bochornoso para propios y extraños. En los últimos años no sólo no se impide el botellón sino que se refuerza con multitud de barras callejeras y potentes altavoces con música estridente.


El desfile del bando, por la hora a que se realiza, es ya un caso perdido. El incauto que pretenda llevar a los niños a ver el espectáculo tendrá que hacerlo sorteando basura, vómitos, orines, etc. Pero afortunadamente queda aún un Bando que disfrutar sin necesidad de abandonarse al alcohol y a la música atronadora. La mañana del martes de Pascua –si se sabe madrugar- sigue siendo un espectáculo. La Misa huertana, con la plaza de Belluga a rebosar, y la Procesión de la Virgen de la Fuensanta, con exhibición de bailes y trajes históricos, ofrece una muestra de lo que Murcia puede ofrecer al visitante.