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viernes, 29 de mayo de 2015

EL ABRAZO DEL OSO.



Durante los últimos meses de la II República el PSOE optó por formar un "frente popular" con el PCE quien, pese a ser una fuerza minoritaria, logró fagocitar a los moderados y liderar la política de los  meses previos a la Guerra Civil. Ahora el PSOE se arroja gustoso en los brazos de Podemos, ofreciéndole un poder que los ciudadanos no le han otorgado. Acabarán como entonces, como ya le ha ocurrido a IU, desintegrados en esa nueva casa común de la izquierda que lidera Pablo Iglesias. Quizás no le quepa al psoe otra opción, pero va a ser cierto eso de que un Pablo Iglesias fundó el psoe y otro homónimo lo enterrará. De momento el Psoe se conforma con ser la chacha de Lenin, como dice Hermann Tertsch.








jueves, 10 de julio de 2014

Miguel Angel Blanco ¿Ni olvido, ni perdón?

Hoy, 10 de julio, se cumplen 17 años del secuestro de Miguel Angel Blanco, asesinado dos días más tarde. No es más que uno de los casi mil crímenes de la banda terrorista, y sin embargo, por alguna razón, marcó un punto de inflexión en la política española de la democracia.



Corría el año 1997, Aznar gobernaba desde un año antes con mayoría relativa. Para mantener la gobernabilidad, el PP -que accedía por primera vez al gobierno- tenía que pactar con PNV y CIU. Contra todo pronóstico (“Pujol, enano, habla castellano”, coreaba la gente en la calle Génova la noche electoral), Aznar se reveló como un gran negociador, reconociéndose aquél gobierno de 1996-2000 por su capacidad de concertación con todos los sectores políticos y sociales.



Los terroristas secuestraron a Miguel Angel Blanco, un joven concejal popular de 29 años, planteando un chantaje político: o el gobierno acercaba los presos de ETA a las cárceles vascas, o “ejecutarían” a Miguel Angel. El modus operandi no resultaba inédito en la estrategia etarra. Diez días antes (el 1 de julio) la Guardia Civil había liberado a José Antonio Ortega Lara, secuestrado 532 días antes, con idénticas reivindicaciones.





El desenlace del secuestro de Miguel Angel Blanco lo conocemos todos: El gobierno -con el apoyo unánime de la sociedad- se negó a aceptar el chantaje y los asesinos cumplieron su amenaza, ejecutando al joven dos días después.

Lo interesante, sin embargo, fue la reacción social ante el secuestro y asesinato, y la posterior deriva de los partidos políticos, diecisiete años después. Cuando se tuvo noticia del secuestro y de las condiciones establecidas, la gente se echó la calle. Quizás fue la juventud de la víctima, o quizás el envalentonamiento por el reciente éxito de la Guardia Civil, o quizás -como sugiere Pilar Urbano en  su libro yo entré en el CESID- todo fue un montaje de los servicios secretos españoles, pero lo cierto es que la gente, también en el País Vasco, ocupó plazas y calles exigiendo a la banda la liberación de Miguel Angel Blanco. De todos es sabido que ETA es una organización mafiosa que vive del apoyo (entusiasta o temeroso) de los ciudadanos (y ciudadanas) vascos. Los pistoleros, los secuestradores, los extorsionadores y los amenazadores de ETA no durarían diez minutos en una sociedad que, sin miedo, rechazara y denunciara cualquiera de sus maniobras. En julio de 1997 eso estuvo a punto de ocurrir. La gente de los pueblos y ciudades de Euskadi estaba indignada con ETA, y le estaban perdiendo el miedo. El movimiento -llamado después “manos blancas” o espíritu de Ermua- corría el riesgo de volverse, como un gigantesco tsunami, contra ETA, su entorno y quienes -de un modo u otro- lo apoyaban. Surgieron los primeros hechos violentos contra colaboradores de ETA.


La reacción política no se hizo esperar. El PP y el PSOE se unieron en un frente constitucionalista que, por primera vez, sentía el respaldo popular en el País Vasco. El PNV, en cambio, vio peligrar su  estrategia del árbol y las nueces, que consistía de forma simplificada, en no apoyar las tácticas ilegales de ETA pero aprovechar pacíficamente los frutos de sus acciones. Ante el clamor popular inesperado los nacionalistas vascos se encontraban en una disyuntiva: o se sumaban al carro del constitucionalismo, superando varios postulados fundacionales del PNV, o encontraban el modo de apagar el fuego pacifista (y, de rebote, antinacionalista) que invadía sus calles. Optaron por lo segundo asumiendo, desgraciadamente, el riesgo de dar con ello alas al terrorismo.



Con los años, el PNV arrastraría al PSOE -ya liderado por Zapatero- a su planteamiento de “comprensión” con la izquierda abertzale, dejando solo al PP de Aznar en la oposición férrea, radical y sin fisuras, contra ETA. Finalmente Rajoy acabaría transitando también ese camino, cumpliendo -con 17 años de retraso- las exigencias de ETA. Haciendo vano el sacrificio de Miguel Angel Blanco, de Ortega Lara y de los otros 1000 muertos por la libertad.

lunes, 26 de mayo de 2014

ELECCIONES EUROPEAS

ELECCIONES EUROPEAS


Lo paradójico es que el hundimiento del bipartidismo no hace otra cosa que resurgir las dos Españas, una de las cuáles -decía el optimista de Machado- ha de helarte el corazón.





Hay muchas formas de leer los resultados del 25-M. Los resultados muestran que un 66% de los votos han sido para partidos de izquierdas. A la derecha ha quedado el PP solo, con 16 de los 54 escaños. No hay duda de que el PP ha sido la candidatura más votada y por tanto ha ganado las elecciones, pero a nadie se le escapa que gran parte de sus votantes han optado por otras formaciones o, mayoritariamente, se han quedado en casa. Quienes dieron a Rajoy mayoría absoluta hace apenas dos años han preferido no participar en estas elecciones, desencantados con la política del PP. El proyecto alternativo de Vidal Quadras (Vox) no ha conseguido ilusionar a ese electorado, probablemente por la propia figura de Alejo.

Desde el PP argumentan que es normal, que las elecciones europeas se usan para castigar al gobierno, y que sólo en Alemania y España ha ganado el partido gobernante. Siendo cierto, tal forma de pensar oculta que algo está sucediendo en el panorama político español. En los últimos años ha habido una fuerte campaña contraria al bipartidismo, a los grandes partidos al “PPSOE” (impulsada, claro está, por los pequeños partidos que quieren ser grandes). Se afirma que el bipartidismo es la causa de todos los males, sin pensar que las grandes democracias occidentales se basan en la presencia de dos grandes partidos, complementados por “partidos bisagra” que suelen ser los liberales, comunistas, ecologistas…
Lo que ocurre es que nuestro sistema político está distorsionado: gracias a una injustísima ley electoral, en España la función de bisagra la realizan los nacionalistas, lo cual altera la composición normal de nuestro parlamento. En estas elecciones –en que el sistema permite una representación más proporcionada que las generales- los nacionalistas sólo han obtenido 5 de los 54 escaños, es decir, el 9% de los votos. Si estos resultados, con el mismo sistema de recuento, se trasladaran al Congreso, CIU, PNV, ERC, Bildu, BNG, etc, apenas tendrían representación.

Por otra parte, los partidos mayoritarios (PP y PSOE) no han entendido los vientos de cambio que soplan, en España, desde hace varios años. La sociedad ya no tolera el caciquismo en que viven ambos partidos, la clase política acomodada (la casta), las decisiones tomadas en despachos, sin consultar a las bases, los barones, los feudos… toda esa “democracia orgánica” heredada del franquismo ha pasado de moda.

Los ciudadanos tienen ahora muchos medios para participar directamente de la política, conocer a sus líderes e interactuar con ellos. “Podemos” es un producto típico de la sociedad en que vivimos: un partido creado en torno a un líder (Pablo Iglesias), que durante meses ha dialogado cara a cara con sus electores (en tertulias televisivas y en las redes sociales) y con su populismo barato se ha metido en el bolsillo al voto juvenil. Un líder mesiánico que puede convertir a España en un paraíso, como Cuba o Venezuela.

Lo paradójico es que el hundimiento del bipartidismo no hace otra cosa que resurgir las dos Españas, una de las cuáles -decía el optimista de Machado- ha de helarte el corazón. Se ve venir un frente popular, una gran coalición de izquierdas y nacionalistas liderada, en principio, por un PSOE que juega, al mismo tiempo, a ser moderado y radical, y que acabará, como en 1936, fagocitado por los radicales. Como han acabado CIU y PNV, tragados por sus creaciones (Bildu y ERC). Por la derecha, de momento, los electores no ven alternativa al PP, pero es cuestión de tiempo.