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domingo, 27 de julio de 2014

AGNÓSTICOS Y SECTARIOS


A estas alturas de la civilización, nadie obliga a nadie a tener una religión o creer en nada. Quiero decir en Occidente, porque en algunos países islámicos aún no han descubierto eso de los derechos humanos y la libertad, y los infieles son cruelmente perseguidos o atacados.
En los países civilizados la religión es una cuestión estrictamente personal, pudiendo convivir en perfecta armonía los seguidores de cualquier religión con quienes se consideran ateos o agnósticos. 
 La fe –o su ausencia- ha dejado de ser un problema para los occidentales. Nadie va a obligar a nadie a practicar ninguna religión. Sin embargo, entre quienes se declaran agnósticos o directamente ateos, hay quienes practican el anticlericalismo con la misma pasión con que sus tatarabuelos quemaban herejes en la pira. Curiosamente el furor antirreligioso sólo se dirige contra la Iglesia Católica, revelándose así la patita de las verdaderas ideas que sostienen ese laicismo.
La prueba del algodón son precisamente los brutales ataques a que se ven sometidos los cristianos en algunos países musulmanes. Lo natural es que quienes disfrutan en occidente de la libertad religiosa y el derecho a no creer en nada fueran los sectores más sensibles ante esas agresiones. Generalmente es así, y muchos agnósticos occidentales defienden con ahínco el derecho de las comunidades minoritarias en países como Irak, Palestina o Irán. Los otros, quienes se regocijan por la persecución religiosa contra los cristianos, no son realmente agnósticos, sino sectarios.

#YoSoyNazareno 

sábado, 26 de julio de 2014

ABLACIÓN DEL CLÍTORIS EN EL SIGLO XXI


Aunque hay quien afirma que se trata de un bulo, la prensa ha publicado estos días la noticia de que el Estado Islámico (IS) ha ordenado la mutilación genital de todas las mujeres (entre 11 y 49 años) de Mosul. La ablación es una práctica bárbara y cruel que han sufrido, según la ONU, 125 millones de mujeres en nuestro tiempo. 



No se conoce el origen de esta práctica. Las referencias más antiguas aparecen en Egipto, en época de los Ptolomeos, aunque quizás surgiera, anteriormente, en las culturas del África subsahariana. Lo cierto es que coincide con otras prácticas y teorías del mundo antiguo sobre la mujer. Los médicos griegos y romanos consideraban al útero responsable de los desórdenes psicológicos que sufrían las mujeres, derivando la palabra “histeria” del griego ὑστέρα. Tan complejo y misterioso es el aparato genital femenino (capaz de engendrar vida humana) que las sociedades antiguas lo consideraban entre fascinados y atemorizados. De entre los órganos sexuales de la mujer, el más extraño y misterioso es precisamente el clítoris, ya que carece función fisiológica alguna (según los expertos), siendo su única utilidad proporcionar placer a la mujer. No existe, en toda la naturaleza, ningún otro órgano que no cumpla más papel que provocar orgasmos.

Es posible que de todo ello, del misterio del aparato reproductor femenino y especialmente del clítoris y de la compleja psicología femenina, se derivara en algunas culturas antiguas la necesidad de extirpar eso que “sobra”. Pero lo que podría resultar comprensible en civilizaciones primitivas, resulta absolutamente inaceptable en el siglo XXI. Una cultura o una religión que permiten o incluso imponen una práctica cruel y mutiladora, debe ser radicalmente rechazada. Sólo los complejos de esta decadente sociedad occidental, incapaz de enorgullecerse de sus propios avances en materia de derechos humanos, puede admitir con pasividad que se toleren estas prácticas.